Sin embargo, me pregunto, ¿Qué sería de las instituciones sin los hombres que se encargan de darles vida? ¿Qué sería de una institución sin hombres probos que la sustenten, la engrandezcan y le den actualidad? ¿Qué sería de una institución si los hombres que la integran no se preocuparan por cuidarla y mantenerla abandonándola a su suerte?
El notariado como institución ha permanecido en nuestro país por varios siglos, y en el mundo por varios milenios.
El día de hoy nos reunimos en este bellísimo Ex Templo de Corpus Christi, que se ha convertido gracias al esfuerzo de nuestras autoridades, en el celoso guardián de la historia del notariado, para rendir un sencillo, pero emotivo homenaje a dos notarios que desempeñaron su delicada función de manera diligente, responsable y honesta, contribuyendo así a fortalecer a la institución notarial de nuestra ciudad.
El primero de nuestros homenajeados es el Señor Licenciado Jorge Tinoco Ariza. Don Jorge nació en nuestra ciudad el día 16 de Abril de 1927, es egresado de la Escuela Libre de Derecho en la generación 1944-1948. Fue maestro de derecho notarial y registral, así como de derecho internacional privado en su alma máter durante veinte años, desde 1950 hasta 1970.
|
|
|
Su práctica notarial la hizo bajo la supervisión del Notario Carlos Ramírez Zetina, preparándose a su lado incansablemente para estar en aptitud de presentar los exámenes correspondientes. Resultó ganador en la oposición respectiva, haciéndose merecedor a la patente de notario 88 del Distrito Federal el día 20 de agosto de 1957, cargo que desempeñó de manera ejemplar hasta su renuncia el día 29 de enero de 2010.
|
Desempeñar por más de 52 años, de manera intachable la profesión de notario, son un ejemplo que sin duda nos deja Don Jorge Tinoco Ariza a los notarios que actualmente desempeñamos tan honroso cargo y lo será también, para aquellos que en el futuro se integren a la institución del notariado de la Ciudad de México. Reciba usted Don Jorge nuestro reconocimiento y gratitud por ello.
Don Salvador Sánchez de la Barquera Ortega, el segundo de nuestros homenajeados el día de hoy, Nació en esta ciudad de México, Distrito Federal, el 4 de enero de 1929, también estudió la carrera de abogado en la Escuela Libre de Derecho, donde se recibió en el año de 1958, ocupó el cargo de Director del Archivo General de Notarías del Distrito Federal, del año 1968 al año 1974; Durante su gestión, tuvo lugar la reconstrucción del Palacio de Cordobanes, ubicado en la calle de Donceles número 100, en el Centro Histórico de esta ciudad, y ahí se instaló el Archivo General de Notarías del Distrito Federal, donde permaneció hasta el año de 1988, en que se mudó a su actual sede en la Candelaria de los Patos.
Posteriormente presentó el examen de oposición respectivo y obtuvo la Patente de Notario Público número 141 del Distrito Federal, el 4 de octubre de 1973, cargo que desempeñó hasta su renuncia en el año de 2009.
Don Salvador ocupó el cargo de Vocal de la Mesa Directiva de la “Asociación Nacional del Notariado Mexicano”, Asociación Civil durante los años 1975
|
|
 |
|
y 1976; también se desempeñó como Tesorero del Consejo del Colegio de Notarios del Distrito Federal, durante los años 1979 y 1980; de igual manera fungió como Comisario de Ayuda y Previsión Asociación Civil, la mutualidad notarial, desde el año 2005 hasta su renuncia. |
Reconocemos hoy su labor, en beneficio de la institución notarial, primero como servidor público al frente del Archivo General de Notarías y después como notario público, ya que en ambos cargos supo desempeñarse con probidad, honradez y dedicación; cumpliendo cabalmente con los deberes que le impusieron tan delicadas funciones. Reciba usted Don Salvador nuestro reconocimiento y gratitud por ello.
“La mayor recompensa de nuestro trabajo no es lo que nos pagan por él, sino aquello en lo que nos convierte" dijo el sociólogo británico John Ruskin y personalmente estoy de acuerdo con él, pues es la manera en la que ejecutamos nuestros deberes cotidianos, lo que nos permite realizarnos como seres humanos.
Estimados homenajeados: Indudablemente que durante los 52 y 35 años que desempeñaron sus cargos de notarios, debieron de haber pasado por muchas preocupaciones, retos y adversidades, pero su sólida formación como abogados y hombres de bien, les permitió salir triunfadores ante ellas concluyendo dignamente con la encomienda que recibieron de la sociedad al protestar como notarios.
El Colegio de Notarios del Distrito Federal, cuyo Consejo me honro en presidir, considera que es de justicia ser agradecidos con aquellos notarios que han desempeñado su encargo de manera ejemplar, siguiendo en todo momento los postulados de la ética notarial, como es el caso de ustedes, y por mi conducto les desea que sigan gozando de su merecido retiro con la satisfacción de saber que cumplieron sobradamente con su deber y por ello, el notariado, las autoridades y la sociedad los felicita.
Muchas Gracias.